Hoy recibí una grata sorpresa, mi amigo Beto Freak (Mario Alberto Patiño Ramírez), publicó recientemente su libro de poesias: “Cartas desde los Sitios de la Lluvia”, un extraordinario poemario donde con fuerza, la fuerza que le dan sus experiencias, su sentidos, sentimientos, amores y desamores, el infinito cariño a su madre, esposa e hijos; explora lo mas sensible de su persona, lo más lúcido de su mente conciente e inconciente y lo vierte sobre el papel haciendo verdaderas alegorías de la palabra escrita.
Tengo una ventaja, conozco el qué y por qué de varios de sus poemas, conozco el como y cuando de simple ser pensante pasó a poeta. Sin embargo, sigo profundamente conmovido después de haberlo leído, sigo profundamente agradecido de tener el privilegio de conocerlo y ser su amigo por más de treinta y siete años y agradecido con Dios por darme este lujo.
La UNAM, consideró lo suficientemente buenos sus poemas para publicarle, de ahí que esta casa de estudios a través de su Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura, hizo que este sueño de Beto se realizara (sin tener que bailar en Televisa).
A continuación transcribo uno de sus poemas que escribió para su madre ya fallecida, a quien también conocí y gocé de su calidez.
Tengo una ventaja, conozco el qué y por qué de varios de sus poemas, conozco el como y cuando de simple ser pensante pasó a poeta. Sin embargo, sigo profundamente conmovido después de haberlo leído, sigo profundamente agradecido de tener el privilegio de conocerlo y ser su amigo por más de treinta y siete años y agradecido con Dios por darme este lujo.
La UNAM, consideró lo suficientemente buenos sus poemas para publicarle, de ahí que esta casa de estudios a través de su Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura, hizo que este sueño de Beto se realizara (sin tener que bailar en Televisa).
A continuación transcribo uno de sus poemas que escribió para su madre ya fallecida, a quien también conocí y gocé de su calidez.
PIEL DE OTOÑO
Vas al hospital
con tu disfraz amarillo de medio uso
las uñas recortadas
y el estómago redimido por el hambre.
En tu maleta va el peine nuevo
para tus cabellos viejos
y la luz endeble
para tus ojos insomnes.
A golpes de badajo suena tu tiempo
y sentada en la silla blanca
esperas el turno de los minutos nuevos.
Siempre esperando
con la inocencia de una muerte presurosa
atenta a la punzada de tu costado.
La esperanza se hace hiel en tu boca.
Si no hablas es porque el dolor se come tu voz.
Allí, disminuida por el miedo,
con tu vestido de cuadros claros
con los pies encallados en el piso estéril
intentas un mar de movimientos sin intención.
Te pones de pie
como una torre de piedra blanda
como una columna de humo.
Como una hoja empujada por el viento
hacia la incertidumbre.
Tras esa puerta
haces hatillo tu piel de otoño
y recuestas tu cuerpo limpio
en la cama adolorida.
Tras la ventana husmea la muerte
buscando tu perfil inmóvil.
Estoy perdiéndote,
cae la tarde
y te barre en añicos.
Está transcurriendo este tiempo
de pájaros sucios.
La tristeza se me anuda al cuello y tira fuerte.
Me adhiero a los muros de la casa donde fui niño.
Visito en mi memoria todos tus rostros.
La continuidad que nos une
son todas las calles duras que caminamos.
Tú y yo somos una cadena
desde que me prendía a tus faldas
y te escuchaba
y se me aclaraba la pena con tu sonrisa
y me decías que pronto iba a estar bien.
Sin embargo todavía no estoy bien
tú tampoco.
Por eso al final
cuando estemos rotos
voy a meterte en mis manos
para escribirme cartas tuyas.
Serás el aire de otoño
y los ruidos de la ciudad.
Pronto voy a conjugar tu nombre en tiempo pasado
con rabia
con amor perdido
con labios nublados.
Me voy alejando de la calma
y acercando al silencio.
¡Hoy sí doblegan las gotas que llueven
en este hijo tuyo!
¡Hoy tengo blanda la sombra
bajo el peso de la melancolía!
Ya eres ala fulminada
y un poco de muerte sudorosa.
Ya caminas con la calavera de Dios bajo el brazo
y miras con sus cuencas el mundo
lleno de animales inútiles y filósofos enjutos.
¡Ya te me vas muriendo de verdad!
aquí, en el deslave de mi garganta
en el abisal naufragio de mis párpados
en el vacío acústico de la negación.
¡Ya te me estás muriendo a pulso!
te vas a quedar sin mundo y sin cadena
y durante algún tiempo
voy a decir tus palabras
visitar tus lugares
y decir que te escucho
aunque no sea cierto.
Vas al hospital
con tu disfraz amarillo de medio uso
las uñas recortadas
y el estómago redimido por el hambre.
En tu maleta va el peine nuevo
para tus cabellos viejos
y la luz endeble
para tus ojos insomnes.
A golpes de badajo suena tu tiempo
y sentada en la silla blanca
esperas el turno de los minutos nuevos.
Siempre esperando
con la inocencia de una muerte presurosa
atenta a la punzada de tu costado.
La esperanza se hace hiel en tu boca.
Si no hablas es porque el dolor se come tu voz.
Allí, disminuida por el miedo,
con tu vestido de cuadros claros
con los pies encallados en el piso estéril
intentas un mar de movimientos sin intención.
Te pones de pie
como una torre de piedra blanda
como una columna de humo.
Como una hoja empujada por el viento
hacia la incertidumbre.
Tras esa puerta
haces hatillo tu piel de otoño
y recuestas tu cuerpo limpio
en la cama adolorida.
Tras la ventana husmea la muerte
buscando tu perfil inmóvil.
Estoy perdiéndote,
cae la tarde
y te barre en añicos.
Está transcurriendo este tiempo
de pájaros sucios.
La tristeza se me anuda al cuello y tira fuerte.
Me adhiero a los muros de la casa donde fui niño.
Visito en mi memoria todos tus rostros.
La continuidad que nos une
son todas las calles duras que caminamos.
Tú y yo somos una cadena
desde que me prendía a tus faldas
y te escuchaba
y se me aclaraba la pena con tu sonrisa
y me decías que pronto iba a estar bien.
Sin embargo todavía no estoy bien
tú tampoco.
Por eso al final
cuando estemos rotos
voy a meterte en mis manos
para escribirme cartas tuyas.
Serás el aire de otoño
y los ruidos de la ciudad.
Pronto voy a conjugar tu nombre en tiempo pasado
con rabia
con amor perdido
con labios nublados.
Me voy alejando de la calma
y acercando al silencio.
¡Hoy sí doblegan las gotas que llueven
en este hijo tuyo!
¡Hoy tengo blanda la sombra
bajo el peso de la melancolía!
Ya eres ala fulminada
y un poco de muerte sudorosa.
Ya caminas con la calavera de Dios bajo el brazo
y miras con sus cuencas el mundo
lleno de animales inútiles y filósofos enjutos.
¡Ya te me vas muriendo de verdad!
aquí, en el deslave de mi garganta
en el abisal naufragio de mis párpados
en el vacío acústico de la negación.
¡Ya te me estás muriendo a pulso!
te vas a quedar sin mundo y sin cadena
y durante algún tiempo
voy a decir tus palabras
visitar tus lugares
y decir que te escucho
aunque no sea cierto.
4 comentarios:
Tio, ya volví a escribir, qué pasa contigo?
Muchas gracias por tus piropos en mi blog. Soy del Sur de España, no te concreto más. Nos leemos!
Hola, llevo rato buscando el libro y no he tenido suerte. Podrá ayudarme al respecto, he estado preguntando en editorial UNAM y no mas no dan con el...
Gracias,
Andrés (andres.aquino at gmail.com)
ke onda profe, gracias por el libro. enserio que contiene su esencia como profesor y como persona. Nos vemos en la escuela.
ATTE:Yuriko del grupo 2604
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